Frases a olvidar

- Eres tonta, fea y gorda.
- Nadie te va a querer.
- Eres una puta de mierda.
- Cualquier chica es mejor que tú.
- No sirves para nada.
- Haz lo que yo diga.
- Tienes que adelgazar o no voy a follar más contigo.
- Quédate en casa que me voy a buscar una mejor que tú.
- No sabes besar.
- Hoy no quiero verte.
- Cuando me canse de tí, te voy a dejar.
- ...............

.......
.....
...
..
.

Cuando se escuchan demasiadas veces, llegas a creértelas. Hay una frase atribuida a Lennin que dice que una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad, y lo malo de esto es que el proceso inverso es muy complicado. Cuando ya has salido de todo y te has alejado de la persona que te decía ese tipo de cosas o incluso otras peores, parece ser que la consecuencia lógica es que sepas que nada de eso es verdad, pero de alguna manera esas palabras tantas veces repetidas han hecho más mella de lo que parecía al principio y constantemente temes que alguien vuelva a repetírtelas o que simplemente, algo de aquello sea verdad y se cumpla...

No permitas nunca que te pisoteen así. Quiérete y no dejes que nadie te haga sentir mal, no cedas ese poder a quien quiere hundirte para salir a flote pisando tus sentimientos. Valórate.

Una de cuatro

Leí ayer en la portada de un periódico gratuito que un 25% de las mujeres afirma haber sufrido maltrato alguna vez en su vida. Aún estoy intentando digerir el dato, porque creo que este tipo de estadísticas se quedan cortas. Estoy segura de que más de una negó haber sido maltratada, seguramente por vergüenza ante los ojos del encuestador. Porque a pesar de la supuesta concienciación que hay sobre este tema, y a pesar de que parece que todos tenemos claro que es algo que no se puede permitir, todavía la vergüenza domina a muchas personas que están siendo víctimas del maltrato.

Parémonos a pensar. Una de cuatro mujeres. ¿A cuántas mujeres conoces? ¿Crees estar seguro de que ninguna de ellas sufre algún tipo de maltrato o lo ha sufrido alguna vez? ¿Piensas que de verdad Fulanita te lo contaría o te lo habría contado? Yo aún no lo he contado a mi familia, y de mis conocidos, sólo un puñado lo saben. Estoy convencida de que si alguien le preguntara a alguien de mi familia si conoce algún caso de maltrato, dirían categóricamente que no. Es más, estoy escuchando a mi madre: "Mi hija, con el genio que tiene, eso no lo aguanta". Reflexionemos sobre este asunto.

No quiero crear paranoia ni psicosis, quizá realmente las mujeres que conoces han tenido la suerte de no verse en situaciones de maltrato psicológico ni físico, pero la estadísticas es alarmante. Insisto a toda mujer que pueda estar leyendo esto: cuenta lo que te pasa, a quién sea, aunque no le conozcas, aunque sea a través de Internet... pero no te lo calles ni lo aguantes; alguien va a ayudarte tarde o temprano, aunque te sientas sola, aunque pienses que nadie va a creerte o va a darte la razón, siempre hay alguien que te echará una mano. Escríbeme un email al formulario de la columna de la derecha. Busca ayuda.

Y estamos hablando de mujeres... pero, ¿y los hombres, los niños, los ancianos?

No permitamos que todo esto siga sucediendo, no consintamos que una panda de cabrones que no se aguantan ni a ellos mismos desahoguen sus frustraciones sobre personas inocentes. Denunciemos, hablemos, gritemos. No seamos cómplices del sufrimiento de nadie, sino impulsores de castigo a los que hacen daño.

Invisible

El fondo del pozo es ese momento en el que te vuelves invisible. Ya no existes. No eres nada para nadie, ni siquiera para tí misma. Es un sentimiento aterrador del que te das cuenta una mañana al levantarte. Es como si siempre te rodeara el silencio, no haces ruido y tampoco escuchas hablar a tu voluntad o a tu conciencia. Eres un recipiente vacío, una muñeca inerte, eres, como vulgarmente se dice, un pedazo de carne con ojos que se mueve de manera mecánica.

Cuando él no estaba, yo me pasaba las horas muertas tumbada en la cama, mirando la televisión fumando y bebiendo café. Apenas respondía el teléfono excepto si era alguien de mi familia, para no preocuparles. De vez en cuando, me levantaba para asomarme a la ventana y esperar a verle llegar. A ratos, me metía entre las mantas y permanecía quieta e inmóvil, en silencio. Era como si no supiera qué hacer si él no estaba conmigo.

Aunque las cosas tampoco cambiaban demasiado si él estaba cerca, porque sólo actuaba si él me lo ordenaba. Me duchaba cuando él me lo decía, incluso comía cuando él me daba permiso. Yo me callaba y cumplía todo lo que me decía de una manera mecánica, ya se me habían terminado las ganas de luchar y defenderme. Me sentía atenazada frente a él, con temor a cometer cualquier equivocación y a disgustarle; había decidido obedecer ciegamente porque así, él no se enfadaría conmigo y le agradaría en todo momento.

No consigo explicar del todo ese sentimiento. No es sentirse ninguneada ni menospreciada, ni siquiera anulada, es sentir sencillamente que no eres nada ni nadie. No tienes voluntad, no tienes alegría, ni carácter, eres como una muñeca. Cuando eres consciente de esta situación, sientes un pánico vertiginoso, y ese mismo pánico te impide actuar y hacer algo, porque piensas: "no soy nada, no puedo hacer nada". Es una certeza que de repente se materializa ante tí y te sientes impotente.

Pero sí es posible la recuperación, aunque es costosísima y dolorosa. El primer paso, obviamente, es separarte de la persona que te hace sentirte así. Los primeros días son horribles, le echas de menos, te arrepientes, no sabes qué hacer ni qué decir... Comienza un proceso largo y complicado, porque debes reconstruirte desde la nada. Tienes que bucear en tu interior y buscarte a tí misma, que aunque no lo creas, sigues por ahí, agazapada y temblando, pero sigues ahí. Si tienes la suerte de contar con gente que te quiere, todo será más sencillo porque ellos te irán recordando poco a poco quién eres; si estás sola, como era mi caso, tienes que avanzar como sea y a marchas forzadas, aunque sea porque tu familia no note nada.

No esperes resultados rápidos. Tendrás momentos de tristeza y de inseguridad, en los que no te reconozcas y creas que eres un producto falso, que te perdiste para siempre y que no puedes enraizarte en tí misma, pero debes superar esos momentos. Muy poco a poco verás avances, por medio de pequeñas tomas de decisiones sobre tí misma. El retomar el control sobre tu propia vida será un gran paso: volver a trabajar, cambiar tu estilo de vestir o el simple hecho de poder decidir si sales a dar un paseo o te quedas en casa. Todo eso son pequeños avances que haces hacia tí misma, hasta volver a ser aquella que una vez fuiste.

No desesperes. Aún a día de hoy, en el que ya han pasado más de tres años que me separé de él, todavía tengo días en los que vuelvo a sentir ese vértigo ante el vacío que veo a veces bajo mis pies. Muchas veces me encuentro a mí misma presa del pánico que me paralizaba y llena de miedo por no reconocerme y creer que me estoy inventando, pero siempre me repito que cada día me acerco un poco más a mí misma. Es cuestión de tener paciencia y agarrarse al cariño y al aprecio que recibes de quienes te rodean. Ellos son lo mejor a lo que puedes agarrarte, porque te ayudarán a encontrarte de nuevo.

La primera ruptura

Casi siempre hay una ruptura, que yo asimilo al borde del precipicio. Es casi la última oportunidad que se te da para escapar, es el último toque de atención de que las cosas no van bien. El problema está en que se suele desaprovechar, y en vez de servir para reflexionar, para meditar y para tomar una decisión, sirve para crear más ansiedad y dependencia, al tiempo que es un golpe para la autoestima, venga de quien venga la ruptura.

En mi caso, la primera ruptura fue decisión mía. Habíamos pasado una noche bastante mala, ya que en la discoteca él se había dedicado a perseguir a todas las chicas que veía mientras yo me quedaba con sus amigos, rabiando como una idiota. Cuando llegamos a casa, tuvimos una sesión de sexo bastante decepcionante para mí, ya que él había bebido bastante y no se lució demasiado. Por supuesto, acto seguido me dio la espalda y se dispuso a dormir, y entonces yo le dije que ya no quería seguir siendo su pareja, pero que podíamos vernos de vez en cuando si él lo único que quería era cama.

Él no pareció demasiado afectado y me dijo que por él de acuerdo, pero que no quería que me acostase con nadie más, porque entonces no le volvería a ver. "Pero si no somos pareja, yo puedo estar con quien me dé la gana y tú también", le respondí yo, pero él se puso inflexible. Me pareció algo tan machista y tan egoista que le dije que entonces mejor no volvíamos a vernos. Me vestí y me largué.

Ya mientras bajaba las escaleras iba medio arrepintiéndome de mi decisión y esperando a que él me llamara en cualquier momento, pidiéndome que volviera. Llegué a la calle y no había noticias de él, así que me preparé para pasar el día siguiente con mis amigas, contándoles lo ocurrido y llorando un rato. Pero al girar la esquina, topé con su hermano y su novia, que me preguntaron dónde iba. Les dije lo que había pasado y me convencieron (sin demasiada dificultad) para que subiera y hablase con él, diciéndome que las cosas había que hablarlas, bla, bla, bla.

Cuando entré de nuevo en el piso, fui al dormitorio y le encontré durmiendo, sin un ápice de preocupación por mi marcha. Ése fue el momento clave en el que tendría que haberme dado cuenta de que yo no le importaba lo más mínimo... Me metí de nuevo en la cama y se despertó, no demasiado sorprendido de verme allí. Sin decirme nada, me abrazó y me besó, y yo simplemente me rendí, creyendo como siempre que me quería y que el orgullo le había hecho no llamarme. En esa época yo era muy buena contándome historias a mí misma...

Cuando tú decides romper la relación o te lo planteas, es porque algo no va bien y hay que examinarlo. En aquel momento, yo no había recibido ningún golpe todavía, pero era obvio que yo no le interesaba más allá que como una posesión siempre dispuesta a cumplir sus deseos, poco menos que una esclava o una sirvienta. Sin embargo, yo preferí mantener la venda sobre mis ojos e intentar convencerme de que sí me quería y disculparle de todas las formas posibles.

Y otro gran error que cometí fue no contarle a mis amigas lo que había sucedido esa noche. Quizá ellas me hubiera hecho ver las cosas de otra manera... o no, quién sabe. Pero ahora ya es tarde para planteárselo. En cualquier caso, vuelvo a repetir: cuéntalo todo, a quien sea, pero busca siempre otros puntos de vista, porque te pueden salvar incluso la vida.

Un poco de música

Vamos a relajarnos, a beber un poco de agua y a coger aire para seguir con la historia...

Hoy os traigo dos canciones de Maná y Amaral, con las palabras que toda persona maltratada debería escuchar de alguien que la apreciase.


Videos tu.tv


MANA - ANGEL DE AMOR

Quién te cortó las alas mi ángel,
quién te arrancó los sueños hoy,
quién te arrodilló para humillarte
y quién enjauló tu alma, amor.

Déjame curarte, vida,
déjame darte todo mi amor.

Ángel , ángel, ángel te doy mi amor,
no te abandones,
no te derrumbes amor.

Quien ató tus manos, ató el deseo,
quien mató tu risa, mató tu Dios,
quien sangró tus labios y tu credo,
por qué lo permitiste, ángel de amor.

Déjame curarte, vida,
déjame darte todo mi amor.

Ángel , ángel, ángel de amor,
no te abandones,
no te derrumbes amor.
Ángel , ángel, ángel de amor,
abre tus alas,
deja tus sueños volar.

Ángel, somos arena y mar,
no te abandones,
no te derrumbes, amor.

Ángel , ángel, ángel te doy mi amor,
abre tus alas,
deja tus sueños volar.

Ángel de amor,
pero mi amor ya nunca te derrumbes.
Ángel de amor,
pero mi amor ya nunca te derrumbes.


Amaral - Salir Corriendo

Fran °o° | Vídeo MySpace



AMARAL - SALIR CORRIENDO


Nadie puede guardar toda el agua del mar
en un vaso de cristal,
cuantas gotas tienes que dejar caer
hasta ver la marea crecer,
cuantas veces te ha hecho sonreir
esta no es manera de vivir,
cuantas lágrimas puedes guardar
en tu vaso de cristal

si tienes miedo
si estas sufriendo
tienes que gritar y salir
salir corriendo

Cuantos golpes dan las olas
a lo largo de un dia en las rocas,
cuantos peces tienes que pescar
para hacer un desierto del fondo del mar,
cuantas veces te ha hecho callar
cuanto tiempo crees que aguantaras,
cuantas lágrimas vas a guardar
en tu vaso de cristal

Disimulando

¿Qué es en lo que se piensa ante la frialdad de ocultar las marcas de golpes, arañazos o mordiscos frente al espejo? Debería ser un momento ideal para que se abran los ojos, al contemplar en nuestro propio cuerpo los estragos del maltrato, las marcas de aquel que nos está amargando la vida, pero no es así... Llega a convertirse en una rutina ir a la cocina a por hielo, buscar maquillaje de tu tono de piel, poner excusas para no salir de casa...

Una ocasión, en agosto, amanecí con los brazos amoratados por completo. Tenía que irme a trabajar y no me daba tiempo a idear algo, así que me fui tal cual al tren. Mientras viajaba hacia mi lugar de trabajo, me fijé en que la gente me miraba de reojo. Recuerdo especialmente la mirada de una mujer, que estaba prácticamente escandalizada mientras recorría uno por uno los moratones. Todas y cada una de las personas que estaban allí, miraban mis golpes y después me miraban a la cara, y yo retiraba la mirada hacia la ventana, avergonzada.

Cuando llegué a la estación, me dije a mí misma que no podía ir a trabajar así: empezarían las preguntas y los rumores; además, trabajo cara al público y me daba mucha vergüenza que los clientes me vieran así. Entré en una tienda de ropa que me pillaba de camino; sólo tenían camisetas de verano así que me acerqué a la dependienta y le pregunté si tenían camisetas de manga larga. La chica enseguida me miró a los brazos y enarcó las cejas con un gesto de sorpresa. Sentí que me ruborizaba y tragué saliva mientras ella se iba al almacén, regresando con una camiseta de manga larga pasada de temporada. La pagué, me la puse allí mismo y me fui a trabajar. Huelga decir las miradas y comentarios de la gente que me veía con manga larga a 40 grados...

Cuando pienso en este día, me pregunto a mí misma cómo funciona ese mecanismo de la mente que lleva a aceptar este tipo de situaciones como normales, qué circunstancias se reúnen e interactúan para tolerar la vergüenza y la humillación, las miradas de los demás, y volver por la noche a casa junto a la persona que ha provocado que pases un día tan incómodo. Creo que a pesar de haberlo vivido, nunca me explicaré por qué asumí aquel tipo de cosas, igual que lo de ponerme hielo en los mordiscos que me daba en los labios cuando yo me confiaba pensando que iba a besarme...

Insisto una vez más: eso NO es amor... aunque yo pensaba que sí.

El alcohol

No es igual un alcohólico que un borracho. No es lo mismo alguien que tiene realmente una enfermedad con síntomas incluso físicos que el que sale los fines de semana y se pone hasta las cejas porque cree que es el único modo de divertirse. Me niego a comparar a las personas que he conocido con problemas de alcoholismo con cuatro energúmenos que beben de más para envalentonarse.

Odio que la gente se oculte tras la palabra "alcoholismo" y odio que muchos maltratadores se excusen bajo este pretexto, cuando en ocasiones no tienen ninguna dependencia respecto al alcohol. Odio que el alcohol sea lo que usan muchas personas maltratadas para disculpar el comportamiento de su agresor y odio que las personas que realizan actos violentos culpen de ello a la bebida.

No todos los maltratadores beben, ni todos los alcohólicos maltratan.

En mi caso, mi pareja sí que bebía, y mucho, pero no era alcohólico. Simplemente y en palabras suyas, los hombres tienen que beber mucho y aguantar sin caerse al suelo. Yo también le disculpaba y me decía a mí misma que tenía que comprenderle, que estaba toda la semana trabajando y que le apetecía divertirse y tomarse algo con los amigos... aun cuando las consecuencias fuesen nefastas para mí, claro...

Cuando aparecía bebido, nunca sabía qué era lo que iba a pasar, se volvía completamente impredecible. Por lo general, solía recibirme con un golpe, que podía variar desde un empujón que me tiraba al sofá hasta un puñetazo en la mandíbula o una patada donde mejor le viniese. Ni me saludaba. Después, me pedía que le diese algo de comida o que le trajese más cerveza. Si me negaba a cualquiera de las dos cosas, me echaba al descansillo. En una ocasión, no había más alcohol en casa así que, a pesar de que eran las dos de la madrugada, me dio 10 euros y me echó a la calle, diciéndome que no volviera sin cerveza o whisky. Estuve durante una hora recorriéndome media ciudad, buscando locales de chinos abiertos, pero no encontré nada. Volví y llamé al telefonillo para que me abriera, porque obviamente no tenía las llaves, y me dijo que no pensaba abrir si no traía alcohol; después reflexionó y dijo: "Vale, entonces sube que te voy a pegar". Yo subí, pensando que no cumpliría su promesa, pero sí que lo hizo.

Este tipo de situaciones me llevaron a beber a mí también, ya que era la mejor manera que encontré para soportarlo. Por supuesto, creo que no hace falta que diga que nunca me planteé dejarle. Cuando se acercaba el momento de que llegara a casa, yo empezaba a beber y a beber, por lo que muchas veces nos encontrábamos los dos hasta arriba de alcohol. Las situaciones, entonces, eran mucho más violentas, porque yo me envalentonaba, le provocaba y le insultaba a gritos, dándome igual si me mataba o no. Reaccionaba a sus golpes con más golpes y al final, era peor el remedio que la enfermedad, porque además acabábamos en la cama, practicando un sexo repleto de violencia y humillaciones que aún hace que se me llenen los ojos de lágrimas de vergüenza.

Desde entonces, no soporto las situaciones en las que el alcohol es quien domina y siento adversión hacia la gente bebida.

Sobre este sitio

He creado este espacio para poder compartir las experiencias que tuve hace años, todas aquellas situaciones que viví, no sólo para que me sirvan de exorcismo, sino para que quien lo lea, intente comprender qué es lo que se vive cuando estás inmerso en una situación de maltrato.

Porque hay muchas barreras y obstáculos que superar todavía.

El primero y más importante, está en nuestra mente.

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